• Tito Rapha

#LaMínimaOpinión 01 - Cómo decirte que te quiero si en verdad no te quiero bien

#LaMínimaOpinión será el nombre bajo el que estarán algunos artículos y vídeos en los que alguna persona de Radio Gorròn irá dejando sus reflexiones y críticas. Todo desde la subjetividad, sí, pero bien informada.


SOBRE EL AMOR ROMÁNTICO HABLÓ ANA PASTOR EN #LaMínimaExpresión

En plena era posmoderna y escéptica, todo se cuestiona. Desde una gran entrevista dada por un profesional de la política hasta el mínimo tuit del último activista social, pasando por las letras de grupos como Mecano. Para bien o para mal, en los tiempos que corren los valores y pilares básicos de nuestra formación como personas son cuestionados. Esto incluye conceptos como la sexualidad y el género, la apropiación cultural o, incluso, algo tan aparentemente bonito como el amor romántico. El romanticismo, ¿quién puede dudar de él? Parece que no hay nada que sacar de ese sentimiento que nos hace querer regalar lunas y morir por conquistar a alguien. La realidad es bien distinta: cada vez las relaciones son menos duraderas, menos eternas.

En España los matrimonios tienen de media una duración de 17 años. El INE se encargó de recopilar estos datos que nos muestran una sociedad desencantada con el “hasta que la muerte os separe”. Las historias de amor no parecen ser de cuentos de hadas ni parecen acabar como una tragedia shakespeariana. La cuestión está en si esto es una mala señal para la población española o si es un bendito espabilar del sueño mágico.

¿Pero qué es el amor romántico, de qué estamos hablando? Con este término nos referimos a ese amor incondicional, desesperado, en el que necesitas respirar a la otra persona y no ver a nadie más. Una posesión compartida, en la que solo sois dos personas, una para la otra, y que nos hace luchar por mantener ese amor ante todas las consecuencias. Incluso insistiendo más de la cuenta. Hay quien en esto lee hechos bonitos, y quien por el contrario ve un peligro grave.

Quien más quien menos ha optado por usar un “Te querré siempre” en una cena romántica, ha regalado un ramo de rosas o ha metido un anillo entre la comida. Y si no lo has hecho, te apetecerá. Es inevitable, sobre todo cuando es con lo que se nos bombardea continuamente en las películas y series de ficción, en los romances literarios y en la cultura desde que nacemos. Si el amor que hace sonreír a nuestros abuelos es el mismo que se nos inculca desde que somos bebés, ¿cómo no vamos a repetirlo?

Un estudio conjunto entre universidades de España, Colombia y Venezuela publicado en la revista Masculinities and Social Charges habla precisamente de cómo las series influyen en el desarrollo de las identidades de la juventud. Por un lado, se habla de que hay una desconexión aparente entre cómo se identifica el individuo -abierto y poco estereotipado- y en qué personajes de ficción se identifican. Sin ir más lejos, uno de los referentes masculinos era Barney Stinson de la serie Cómo conocí a vuestra madre, una mezcla perfecta entre el dueño de Playboy y un perro en celo.

Una regla de tres sencilla nos hace fijarnos en un detalle: el amor romántico no se hereda de un modo igualitario, sino que perpetúa roles de género. Para los hombres, este modelo les hace ser más activos y dominantes, en relación con sus estereotipos clásicos. Las mujeres, en cambio, son más sumisas y prefieren lo emocional. Este hecho, que es de por sí machista, aumenta cuando, además, pensamos en que al hombre se le coloca en la posición de tener relaciones libres y sin ataduras y a la mujer se la induce a mantener una relación estable.

Aún así, hay un elemento diferenciador entre las generaciones actuales y las de hace unos años. Las redes sociales han aparecido para quedarse en nuestra mano durante 23 horas al día, y se nota en los milenials y centenials, las dos generaciones en edad amorosa de lo que llevamos de siglo. Y estas nuevas tecnologías aumentan mucho más la necesidad de posesión y de vigilancia. Son nuevos elementos que nos trastornan y nos hacen estar en continua conexión con quien “amamos”.

Diversos estudios y encuestas dan resultados terribles. Uno de los más recientes lo realizó el Govern Balear a finales de 2018 en distintos centros de secundaria. De él, sacamos varios datos desoladores. El primero y más en relación con esto, “el amor duele”. Y así, declarando esto, los jóvenes de 14 a 18 años se quedan tan anchos. Con un planteamiento tóxico y poco sano, heredado de la cultura pop romántica. El método de investigación desarrollado por la profesora Catalina Gayá finalizó con la proyección de la película A Tres Metros Sobre El Cielo, culmen del mariocasismo que la ficción nacional adolescente ha vivido en lo que llevamos de siglo. Posteriormente, se hacía el análisis final, y los resultados son, cuanto menos, comentables. Las chicas eran conscientes de lo negativo del amor romántico, pero aún así se dejaban llevar por él de manera inconsciente. Menos críticos eran los chicos, que consideraban que el control y los celos son una demostración natural de amor.

Guido es un personaje entrañable, pero eso no quita que podamos ver pegas en su comportamiento

Y sí, llevamos un rato viendo cómo el amor romántico tiene un trasfondo bastante complicado una vez le quitamos la purpurina, pero no nos engañemos. Es precioso. Objetivamente, la historia del arte nos lleva a admirar y disfrutar de los grandes amores. Porque sí, Romeo y Julieta es una historia de amor incondicional. Porque siempre es agradable ver a un guapo Richard Gere luchando por enamorar a su compañera de película. Y siempre es agradable que un desconocido te grite durante días “Buenos días, princesa” -aunque, si lo analizamos, igual es hasta terrorífico-.


El romanticismo, entendido como aquello que tiene que ver con el amor romántico y no como el movimiento artístico que respondió a la Ilustración, es muy bonito. Sabina lo cantaba: “Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”. Versos solemnes, hermosos. Pero peligrosos. Dependientes. Mortales.

¿Cuál es la solución cuando toda una cultura puede estar en tu contra si decides romper con esta manera de ver el amor? No es sencillo, pero aparentemente es necesario. Y lo es más cuando recordamos los datos del comienzo: las relaciones duran menos, por lo que si seguimos el modelo de dependencia del romanticismo, el sufrimiento será mayor. ¿Qué podemos hacer entonces? Como casi siempre, la solución está en la enseñanza y la cultura. Si cambian los modelos culturales, cambiarán las percepciones de los jóvenes y aparecerá un nuevo amor más sano y mucho más libre.

Es difícil porque, al fin y al cabo, el amor romántico suena bien. Es bonito. Es artísticamente imbatible. Pero si se intenta, se consigue. Es el caso de Netflix, con su reciente ¿No es romántico?, un Quijote de las comedias románticas en tanto en cuanto parodia las mismas y se convierte en referente de cómo hacerlas a partir de ahora. Y contra la música, la cantautora La Otra escribe en su canción Contigo que “yo no me muero si no estás aquí, puedo andar bien caminando sin ti // pero contigo es cierto que el mundo parece un poco menos feo”.

Igual esa es la solución. Destensar las relaciones, quitarles épica teatral y poética e ir hacia un “amor sano” que nos permita amar por igual, pero empezando por nosotras mismas, las personas que más importamos. Un amor que puede ser tan eterno como el romántico, pero que si no lo es, no nos haga “morir de amor”. Y un amor, ante todo, que no admita la posesión como una demostración. Que después nos extrañamos cuando, año tras año, se contabilizan por todo el mundo “crímenes pasionales”. “La maté porque era mía”. Todo un ejemplo, desde luego. Estamos a tiempo de cambiar el paradigma cultural y hacernos más felices y mejor queridas.


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